Literatura argentina, El matadero

"Historia social y cultural de la literatura I"
Ver álbum aquí.


Trabajo iconográfico. Se trata de un álbum hecho por gusto, que me ayuda a leer, investigar y permanecer en las obras literarias durante un tiempo. Estos textos e imágenes son citas, homenajes o incluso apropiaciones salvajes gracias a los cuales las obras literarias se recargan de significado. Algunas imágenes actualizan también esas obras y ayudan a leerlas como contemporáneas. Un entramado de préstamos culturales.


#LiteraturaArgentina
La primera obra: El matadero, Esteban Echeverría
Allí, el propio autor escribe: "la escena que se representa en el matadero era para vista, no para escrita". 

Inicié el álbum al leer eso; inmediatamente me dieron ganas de reunir todas las imágenes (principalmente fotos tomadas en los museos de la ciudad) guardadas en mi computadora, referidas —de una u otra manera— a este relato.

Luego, lo que los artistas Marcia Schvartz y Fernando Bedoya comentan sobre su trabajo de ilustración de una nueva edición de El matadero (en De carne somos, reseña aparecida en el diario Página 12) me ayudó a escribir la descripción de dicho álbum.

La sala Guerrico, en el Museo Nacional de Bellas Artes


Coincido con lo escrito por la autora hasta en los puntos y las comas.
Museo Nacional de Bellas Artes, Barrio: Recoleta, Cobrinha
(En Amo el lugar donde vivo. Buenos Aires, varios autores, 
Moebius Editora)

"Mi lugar preferido de Buenos Aires es el Museo Nacional de Bellas Artes.

Me parece un espacio fuera de tiempo, cuando voy me olvido un poco del afuera y entro como en otra dimensión. La iluminación tenue de cada sala, los olores a pintura y lienzos, siglos de historia y distintas formas de pensar reflejadas a través del arte. No se puede apreciar tanto en una sola visita. Mi forma de disfrutarlo es visitar las muestras temporales y después recorrer un poquito de la colección permanente y dedicarle más tiempo y atención a algún sector, de esa forma siempre descubro algo nuevo e inspirador.

Personalmente, me gusta la planta baja, las obras de Goya y la sala del manierismo y el barroco. Y me llama particularmente la atención la sala de la colección Guerrico: además de las obras en sí, me gusta la disposición de los cuadros que casi cubren la pared entera desde el piso al techo y los marcos superelaborados, que en algunos casos son más grandes que la propia obra. En la parte trasera y casi escondida, hay una pequeña salita con objetos antiguos tales como peinetones gigantes de carey, jarrones orientales, mates de todo tipo y tamaño, y algunas vitrinas con objetos de lo más curiosos como miniaturas de marfil talladas con formas de pequeños demonios, animales o insectos, que se merecerían una muestra aparte."



Rugendas, un pintor viajero


Valle entre montañas, Juan Mauricio Rugendas. Ver aquí.

Me gustan mucho las novelas biográficas de artistas. Esta, por ejemplo:
Un episodio en la vida del pintor viajero, César Aira.

El pintor viajero es Juan Mauricio (Johann Moritz) Rugendas, artista, alemán, hombre del siglo XIX, admirado por Humboldt por sus cualidades como fisonomista de la naturaleza y que vivió varios años en América latina, especialmente en Santiago de Chile.

El episodio que transcribo a continuación narra parte de un viaje que este emprende desde Santiago con destino a Buenos Aires y que lo llevaría a cruzar la pampa infinita.
¡Una página gloriosa!:

"Los trámites para contratar un guía lo pusieron en contacto con un objeto fascinante en grado sumo: la gran carreta de las travesías interpampeanas.

Era éste un artefacto de tamaño monstruoso, como hecho adrede para que se creyera que ninguna fuerza natural podría moverla. Ante la primera que vio quedó absorto largo rato. En su desmesura veía al fin la corporización de la magia de las grandes llanuras, la mecánica del plano puesta al fin en funcionamiento. Volvió a la playa de cargas al día siguiente, y al siguiente, provisto de papeles y grafitos. Era fácil y a la vez difícil dibujarlas. Pudo verlas iniciando sus largas marchas. Su velocidad de oruga, sólo medible en unidades diuturnas, o hebdomadarias, lo lanzaba a una microscopía de figuras, no tan paradójica en quien se había destacado haciendo acuarelas de colibríes, pues el movimiento también por sus extremos mínimos toca la disolución. Lo dejó para más adelante, pues tendría sobrada ocasión de verlas en acción durante el viaje, y se concentró en las desenganchadas.

Como tenían sólo dos ruedas (era su particularidad), mientras estaban sin carga se inclinaban hacia atrás, y sus varas quedaban apuntando al cielo en un ángulo de cuarenta y cinco grados; la punta de las varas parecía perderse entre las nubes; su largo puede calcularse por el hecho de que servía para enganchar hasta diez yuntas de bueyes. Sus sólidos tablones estaban reforzados para recibir cargas inmensas; casas enteras, con sus muebles y habitantes, no serían excesivas. Las dos ruedas eran como las "vueltas al mundo" de las ferias, todas de algarrobo, los rayos gruesos como vigas de techo, con cubos de bronce en el centro cargados de litros de grasa. Había que dibujar a un hombrecito a su lado para dar una idea cabal del tamaño, y buscando modelos para estas figuras Rugendas, tras descartar al abundante personal de mantenimiento, se concentró en los conductores, formidables personajes, a la altura de su tarea. Eran la aristocracia de los carreros; en sus manos quedaba el dominio de ese hipervehículo (sin contar la carga, que podía ser la totalidad del patrimonio de un magnate), y quedaba durante un tiempo muy prolongado. La línea recta Mendoza-Buenos Aires, recorrida a razón de unos doscientos metros por día, sugería lapsos de vidas enteras. En los ojos y los modales de los carreros, hombres transgeneracionales, habían quedados registradas esas paciencias sublimes. Yendo a cuestiones más prácticas, podía pensarse que los elementos en el juego de las variables era el peso (la carga a transportar) y la velocidad: con un peso mínimo se alcanzaba la velocidad máxima y viceversa. Evidentemente los transportistas interpampeanos, a la luz del plano, habían hecho la opción del peso.

Y de pronto se las veía partir… Una semana después seguían a un tiro de piedra, pero hundiéndose inexorablemente en el horizonte. Rugendas sintió, y le comunicó a su amigo, una urgencia casi infantil por partir a su vez, en la estela anticipada de las carretas. Se le ocurría que sería como viajar en el tiempo: en el trayecto, hecho al paso rápido de sus caballos, alcanzarían carretas que habían partido en otras eras geológicas, quizás antes del inconcebible comienzo del universo (exageraba), y aun a ellas las pasarían, yendo hacia lo verdaderamente desconocido."

Paisaje con carreta, Juan Mauricio Rugendas. Ver aquí.

Desprejuiciado eclecticismo visual a cargo de José María Sert


Palacio Errázuriz Alvear. Memorias de un proyecto
Boudoir de Matías Errázuriz Alvear
"El reconocido muralista catalán José María Sert (1874-1945) realizó la decoración interior del boudoir. 
Por encargo directo de Errázuriz hijo al muralista, el salón anticipa los artificios del Art Déco en Buenos Aires y es el único cuarto de la casa que responde a los cánones estéticos de un estilo del siglo XX. 
El conjunto resume un desprejuiciado eclecticismo visual surgido al finalizar la Gran Guerra, preanunciando el optimismo de los años 20.
Aunque no se conservaron planos diseñados por Sert, los muros estucados que imitan pórfido, las vigas del techo, las puertas sin molduras y doradas a la hoja e inclusive los picaportes de jade chino testimonian su particular estilo, en el cenit de su vertiginosa carrera artística. 

Para el boudoir Errázuriz, José María Sert elaboró cuatro paneles titulados La Comedia Humana que emulan parcialidades de la extensa obra de Honoré de Balzac aunque las composiciones exhiben pintorescos cortejos de personajes con rostros y actitudes que evocan la pintura de Goya. Sus atuendos combinan aspectos de La Commedia dell’arte de Carlo Goldoni y los Ballets russes de Serge Diaghilev e inclusive remiten a ciertas telas estampadas con motivos diseñados por Coco Chanel."

La Comedia Humana, (biombos dorado, rojo y negro), 
José María Sert.


La génesis de un museo

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Fiestas mayas, Ceferino Carnacini.

Museo de Arte Tigre. Su historia. Su colección
Artículo 1° del decreto fundacional:
"El Museo de Arte Tigre integrará sus colecciones con las obras más representativas del arte argentino de los siglos XIX y XX, priorizando aquellas expresiones de carácter figurativo que permitan al espectador incorporar con claridad imágenes relativas a los tipos y costumbres de nuestro país y de las comunidades que forjaron la Nación, sus paisajes y sus tradiciones, sus figuras señeras y los episodios de su historia, buscando en todos los casos el más alto nivel de calidad artística, acorde al ámbito de excelencia que debe ser propio de una institución museológica."


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Paisanos en la estancia, Ángel Della Valle.


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Como en la literatura

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Mr and Mrs Clark and Percy, David Hockney.

Intertextualidad. ¡Y a mí me gustó aprender que en el campo de las artes plásticas ocurría lo mismo que en la literatura!

Palimpsestes, Gérard Genette.
« L'intertexte, écrit-il (Michael Riffaterre) par exemple, est la perception, par le lecteur, de rapports entre une œeuvre et d'autres qui l'ont précédée ou suivie », allant jusqu'à identifier dans sa visée l'intertextualité à la littérarité elle-même : « L'intertextualité est (...) le mécanisme propre à la lecture littéraire. Elle seule, en effet, produit la signifiance, alors que la lecture linéaire, commune aux textes littéraire et non littéraire, ne produit que le sens. »

Así, por ejemplo, Michael Riffaterre escribe: "El intertexto es la percepción, por el lector, de relaciones entre una obra y otras que la han precedido o seguido", llegando a identificar la intertextualidad con la literariedad: "La intertextualidad es (...) el mecanismo propio de la lectura literaria. En efecto, sólo ella produce la significancia, mientras que la lectura lineal, común a los textos literarios y no literarios, no produce más que el sentido."

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El matrimonio Arnolfini, Jan van Eyck.


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Exhalar el amor y la pesadumbre del alma colectiva

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El día del ganado urbano,
Street Art en Valparaíso, Chile.

Bastante más de 100 años transcurrieron entre la escritura de este discurso y la realización de este mural en las calles del gran puerto chileno, sin embargo, a mi criterio, uno y otro se complementan a la perfección. 

Ernesto de la Cárcova, Catálogo de la exposición realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires) en ocasión del 150 aniversario del nacimiento del artista.
Discurso del director del Museo Nacional de Bellas Artes don Eduardo Schiaffino, leído el 23 de mayo de 1905, en el banquete de despedida a don Ernesto de la Cárcova.

Señores:
Entre los ciudadanos que forman una nación civilizada en el alto concepto de la palabra, existe un grupo diluido en la masa anónima de los obreros, negociantes, soldados, industriales y rentistas, que adopta una profesión extraña. Los seres que lo componen, sin ser guerreros, y en veces tímidos como ciertas mujeres, tienen la pretensión de conquistar el mundo. Desde la infancia, la meditación les marca con el dedo, y la soledad suele serles amiga. Las armas o instrumentos de que disponen para sus fines son la pluma y el lápiz, el pincel o el cincel, cosas torpes y dañinas en manos de los mediocres, pero utensilios maravillosos cuando los dirige la razón independiente y el alma grande.
(...)
Estos hombres desempeñan en la sociedad una misión augusta; en el silencio al que los ha relegado la extraña profesión que practican, escuchan e interpretan el vasto latir del pueblo; y de todas las voces truncas, de todos los murmullos, de los ayes sueltos y las imprecaciones que suben a su oído, forjan las estrofas, combinan los cantos, burilan las imágenes, trazan los cuadros, concretan los monumentos que confusamente exhalan el amor y la pesadumbre del alma colectiva.

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El día del ganado urbano,
Street Art en Valparaíso, Chile.


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